Sobre mí

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Quiero contarte 
sobre mi enfoque

El Kintsugi es una técnica japonesa que repara cerámicas rotas con láminas de oro. No intenta esconder las grietas. Las honra. Las convierte en parte de la belleza de la pieza, recordando que aquello que se rompió también merece ser cuidado.

Todas las personas llevamos heridas en la historia, aunque a veces las ocultemos o evitemos mirarlas por miedo a lo que puedan despertar. No porque sean demasiado, sino porque durante mucho tiempo no tuvieron el espacio, la seguridad o la compañía necesaria para sanar.

Desde un enfoque centrado en el trauma, el proceso no consiste en borrar lo vivido, sino en acompañar esas grietas con respeto y presencia, para que puedan transformarse en cicatrices. Cicatrices que nos recuerdan que el camino fue difícil, pero que hoy pueden ser miradas sin juicio, con comprensión y cuidado.

Porque sanar no es olvidar lo que ocurrió, sino integrar la experiencia y permitir que forme parte de tu historia sin seguir haciéndote daño.

La belleza de las cicatrices de la vida

En 2018 finalicé el Grado en Psicología en la Universidad de Granada. Posteriormente cursé el Máster en Psicología General Sanitaria, que compaginé con diferentes formaciones en gestión emocional y ansiedad.

Con la práctica clínica y el acompañamiento a pacientes, fui comprendiendo que el malestar no surge en el vacío: nuestro contexto, nuestras relaciones y nuestra historia tienen un peso fundamental en cómo nos sentimos y en cómo aprendimos a sobrevivir. Esta mirada me llevó a seguir profundizando y a especializarme a través de un Experto en Sistémica Familiar y una formación como Especialista en Trauma, Apego y EMDR.

A lo largo de los años, he continuado formándome de manera constante, integrando diferentes enfoques que enriquecen mi forma de acompañar..